Su relicario espiritual

SAN PIER GIORGIO FRASSATI Y SU RELICARIO ESPIRITUAL: UN LLAMADO A LA SANTIDAD.

Hay santos que parecen lejanos, envueltos en túnicas de otra época o colocados sobre altares inalcanzables. Y luego está Pier Giorgio Frassati: un joven de botas de montaña, sonrisa contagiosa, pipa en boca y el corazón ardiendo de amor por Cristo. Él no es un santo para contemplar únicamente en una estampa; es, verdaderamente, nuestro intercesor y hermano en el cielo.

Dado que en mayo de 1981, tras la exhumación de sus restos mortales en el panteón familiar de Pollone, se halló su cuerpo incorrupto, no proliferan las reliquias óseas (de primer grado). No obstante, pequeños fragmentos custodiados tras los reconocimientos canónicos reposan hoy en distintos relicarios alrededor del mundo para la veneración pública de los fieles. Sus restos mortales descansan en una capilla lateral de la Catedral de San Juan Bautista en Turín, su ciudad natal, permanente centro de peregrinación y oración.

Para la Misa de Canonización, celebrada el 7 de septiembre de 2025, se presentó oficialmente un nuevo relicario que custodia un fragmento de las vestiduras que el joven turinés usó en vida (reliquia de segundo grado).

Esta obra de orfebrería sacra es una creación artística original de Sor María Agar Lonche, de la Congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Fue concebida bajo la síntesis iconográfica del célebre lema frassatino «Verso l’alto» («Hacia lo alto»), expresión que condensa tanto la intensidad de su vida interior como su espíritu audaz. La artista plasmó en el diseño la vocación de un laico que transfiguró la cotidianidad, la amistad, el amor por la creación y la caridad fraterna en un camino ordinario hacia la santidad.

El relicario está diseñado con una rigurosa pedagogía simbólica que entrelaza la pasión del santo por el montañismo con los misterios de la fe, adoptando la forma estilizada de un pico alpino:

En la base de alabastro con Edelweiss (flor de las nieves): Homenaje a las cumbres nevadas y a su contemplación teológica de la belleza creada como huella del Creador con una cruz en la punta que señala Hacia lo alto.

El Rosario y la cordada de escalada: Símbolos de la dimensión comunitaria de la fe y de la oración mariana que nos une en el ascenso hacia Cristo Eucaristía, cima de la vida cristiana.

Las ocho piedras de lapislázuli: Evocación directa de las Ocho Bienaventuranzas, en referencia al título con el que San Juan Pablo II lo definió: «El hombre de las Bienaventuranzas».

La imagen de Nuestra Señora de Oropa: Testimonio de su filial devoción mariana y de sus constantes visitas de oración al Santuario de Oropa.

Las Cartas de San Pablo: Representación del vademécum espiritual que alimentaba su pensamiento y acción en la vida cotidiana.

La teca central dorada protegida por un cristal transparente que evoca el hielo glaciar resguarda la reliquia insigne, visibilizando cómo la gracia divina resplandece en una vida entregada al servicio de los pobres y a la adoración al Santísimo Sacramento.

Desde la cumbre de la gloria celestial, San Pier Giorgio Frassati continúa peregrinando junto a nosotros. Su testimonio nos recuerda que la santidad no es una utopía inalcanzable, sino una aventura gozosa al alcance de todos. Él comprende nuestras dudas, nuestras luchas cotidianas y nuestros anhelos de amor y libertad. Venerar sus reliquias nos ayuda a encarnar el Evangelio, confirmando que seguir a Cristo es una realidad humana, viva y posible en el día a día.

San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros.

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