Historia y anécdotas que comparte Rosa Oliveira para conocer más de este santo joven, laico dominico. San Pier Giorgio Frassati.

ICONOGRAFÍA DE SAN PIER GIORGIO FRASSATI
EL CRUCIFIJO DE SAN PIER GIORGIO FRASSATI
Santa Rosa de Lima y San Pier Giorgio
LA BELLEZA DE LA GRACIA: DE LA FINITUD A LA LUZ
EL DESTELLO DE LA GRACIA EN LA VULNERABILIDAD
El Milagro de la conversión de su padre
Pier Giorgio Frassati y el robo de la bicicleta
DE LA MESA DE BETANIA A LAS CUMBRES
VIDEO de la canción «Escalaste al cielo»
LOS «TIPOS SOSPECHOSOS» DE DIOS
SAN PIER GIORGIO FRASSATI Y LA PASION POR EL DEPORTE REY
San Pier Giorgio Frassati y el suceso del guante
Pier Giorgio Frassati y Corpus Christi
36 Aniversario de la Beatificación de San Pier Giorgio Frassati
FRASSATI Y LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
Encuentro de Almas – Frassati y Catalina
Hombre de las ocho bienaventuranzas
Pier Giorgio Frassati y Don Bosco

ICONOGRAFÍA DE SAN PIER GIORGIO FRASSATI
Bajo el fulgor de un amarillo dorado que evoca una luz increada de la gracia, la figura de San Pier Giorgio Frassati se erige no solo como un testimonio de santidad juvenil, sino como un mapa teológico hacia las cumbres del espíritu.
Esta imagen diseñada para su primera festividad litúrgica como santo el 4 de Julio de 2026, es una pieza de iconografía devocional moderna creada y difundida a través de redes sociales y plataformas de arte católico y es un himno visual a la gracia encarnada en cada joven, un recordatorio elocuente de que la santidad no es una negativa del mundo, sino su más intensa transformación. En ella se captura su espiritualidad, devociones y apostolado.
Con el dedo índice apuntando resueltamente hacia el cielo, su gesto encarna el célebre lema inscrito en el fondo: «Verso l’alto» (Hacia lo alto). Es una metáfora de su vida espiritual, avanzando hacia la meta última y Santa. Teológicamente, este dedo extendido es la brújula del bautizado que recuerda que nuestra morada definitiva no está en los abismos de la vida terrenal, sino en las alturas de Dios.
Sostiene entre sus dedos el santo rosario, mostrando su profunda devoción a la Santísima Madre. El arma de los humildes y la cadena de amor que une la tierra con el regazo materno de María, recordándonos que la contemplación mística se nutre en el desgranar sencillo de los misterios de Cristo.
Sobre su pecho gravita con fuerza el escapulario con la cruz de laico dominico, pertenencia a la Tercera Orden de Santo Domingo, símbolos de una fe que no se esconde en los sagrarios, sino que se hace doctrina viva y compromiso inquebrantable. Sostiene en su mano izquierda un corazón ardiente que emite llamas de amor divino, símbolo del Sagrado Corazón y de la caridad operante que consumió su corta pero intensa vida a favor de los pobres y marginados. A su lado, el estandarte de la Acción Católica que proclama con letras claras «Prayer, Action, Sacrifice» (Oración, Acción y Sacrificio) sintetiza la gran trilogía espiritual del joven turinés: la contemplación que alimenta los brazos, la acción que transforma la calle y el sacrificio que sella la entrega oblativa al estilo del Maestro.
Los bolsillos vacíos y asomados simbolizan su caridad oculta a los ojos del mundo.
Detrás de él, difuminados en la luz, rostros de jóvenes y hermanos evocan la comunión de los santos y el tejido eclesial por el cual caminó incansable. Pier Giorgio viste el traje impecable del hombre común, santificando las realidades seculares, el estudio, la montaña y la amistad. Esta imagen es, en definitiva, una epifanía de la alegría cristiana: el triunfo de un alma encendida, y las cumbres donde Dios nos espera.
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros

EL CRUCIFIJO DE SAN PIER GIORGIO FRASSATI:
«El misterio de la kénosis en la cruz cotidiana de San Pier Giorgio Frassati»
A los pies de las cumbres que solía contemplar como reflejo de la grandeza del Creador, el joven Pier Giorgio guardaba un tesoro humilde en la quietud de su habitación en Pollone. No era una joya refinada, sino un sencillo crucifijo ganado en la aleatoriedad aparente de una rifa, pero que la Divina Providencia tejió como un signo de gracia. Aquel madero sencillo encarnaba un profundo misterio teológico: la cruz como el trono desde el cual el amor de Dios se abaja para redimir la historia humana.
Frente a este crucificado, colocado a la cabecera de su cama, Pier Giorgio pasaba largas horas de rodillas en la penumbra, rezando el rosario y meditando antes de dormir. Su intensa vida interior, celosamente oculta a las miradas humanas, florecía en el silencio de ese cara a cara con el Señor. Para el «hombre de las ocho bienaventuranzas», la cruz nunca fue un adorno piadoso ni una carga resignada, sino la medida suprema del amor activo. Al descansar bajo su amparo, entregaba el cansancio de sus jornadas de servicio a los pobres de Turín y a la defensa de la justicia.
Existía una unidad indisoluble entre la contemplación de aquel crucifijo y el encuentro con el Cristo doliente en los rostros de los marginados de los barrios de Turín. El madero que velaba su sueño le recordaba la paradoja evangélica de su lema verso l’alto: para escalar las cumbres del espíritu, era necesario abrazar el camino del kénosis, el abajamiento del Hijo de Dios hecho hombre.
En julio de 1925, aquel Cristo de madera fue testigo fiel de sus últimas horas. Cuando recibió la visita del sacerdote para la Viaticum —la última comunión—, su sencilla habitación se transformó en un sagrario viviente. El crucifijo de la cabecera presidió aquel encuentro definitivo con Cristo Sacramentado, iluminando el tránsito fecundo entre el peregrinar terrenal y la patria celestial.
Hoy en día, la habitación en la Villa Ametis se conserva intacta, convertida en espacio de gracia para miles de peregrinos. El crucifijo permanece en su sitio original, memoria viva de aquel laico dominico que supo transformar su vida ordinaria en una ofrenda eucarística y que entregó su alma al Padre el 4 de julio de 1925.
San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros.

Santa Rosa de Lima y San Pier Giorgio Frassati, separados por siglos y geografías, convergen en una misma sinfonía mística: la convicción de que la cruz abrazada con alegría se convierte en el puente hacia lo eterno.
Rosa, en el silencio de su ermita limeña, comprendió que el sufrimiento no es un absurdo, sino el lugar teológico donde el alma se une al Esposo crucificado. En su lecho de espinas y oraciones, cada dolor ofrecido se transformó en gracia fecunda para una ciudad entera. Ella personificó la teología de la cruz vivida desde la intimidad esponsal, recordándonos que el amor verdadero no retiene nada para sí mismo.
Pier Giorgio, entre cumbres alpinas, libros universitarios y los callejones oscuros de Turín, vivió la santidad con la boina puesta y una sonrisa franca. Su vida fue un manifiesto de que la Eucaristía es el motor de la acción social y que servir a los pobres es tocar la carne misma de Cristo. Para él, la alegría no era una evasión del mundo, sino el reflejo de un Dios que habita en la plenitud de la juventud y en el vigor de la amistad.
Ambos santos, desde trincheras tan distintas, nos revelan el rostro de un Dios apasionado que irrumpe en la historia. Rosa con su entrega contemplativa y Pier Giorgio con su dinamismo caritativo demuestran que la gracia divina no anula la humanidad, sino que la eleva a su máxima expresión. Nos enseñan que la santidad es, en su esencia más pura, dejarse amar hasta el extremo por aquel que dio la vida por sus amigos.
Santa Rosa de Lima ruega por nosotros
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros

LA BELLEZA DE LA GRACIA: DE LA FINITUD A LA LUZ
El milagro aprobado para la canonización de Pier Giorgio Frassati
En 2017, Juan Manuel Gutiérrez, entonces seminarista de la Arquidiócesis de Los Ángeles, sufrió la ruptura total del tendón de Aquiles mientras participaba en un partido de baloncesto. La medicina diagnosticó una lesión quirúrgica severa, con un daño estructural incapaz de regenerarse de forma espontánea sin la intervención del bisturí y largas semanas de rehabilitación.
Ante la inminente cirugía, brotó la oración confiada invocando la intercesión de Pier Giorgio Frassati, aquel joven laico dominico apasionado por el deporte, las montañas y la comunión sacramental. Tras la ferviente invocación, Juan experimentó un calor súbito en la zona de la lesión y el milagro se manifestó con el poder instantáneo de Dios: de forma repentina, su tendón quedó completamente restaurado, permitiéndole caminar sin dolor y con perfecta movilidad. Al ser examinado nuevamente, los médicos traumatólogos constataron con asombro la absoluta e inexplicable restitución anatómica del tejido, descartando cualquier necesidad de cirugía y dejando al descubierto un hecho que desborda las leyes fisiológicas.
Tras un riguroso examen científico por parte del Consejo Médico del Dicasterio para las Causas de los Santos —el cual concluyó que la curación carecía de explicación médica y científica—, el Papa Francisco promulgó, a finales de noviembre del 2024, el decreto que reconoce oficialmente el milagro atribuido a la intercesión de Pier Giorgio Frassati, abriendo de manera definitiva el camino hacia su canonización.
Desde la mirada teológica, este prodigio refleja una profunda belleza: el futuro san Pier Giorgio Frassati, un laico enamorado de la Eucaristía y del servicio en el mundo, intercede por la sanación física de un futuro sacerdote. Dios entrelaza el laicado y el ministerio sacerdotal en un mismo abrazo de gracia, recordándonos que todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo se sostienen y edifican mutuamente. Asimismo, que esta sanación haya ocurrido durante la práctica deportiva consagra la vida cotidiana y el esfuerzo físico como lugares teológicos donde Dios se hace presente; la santidad no anula la humanidad, sino que la eleva y la perfecciona (Verso l’alto).
La restauración anatómica del hoy padre Juan Gutiérrez se erige como un signo pascual de la victoria de la vida sobre la limitación humana. Este milagro es una verdadera teofanía: un destello del amor divino que confirma que los santos viven en la gloria eterna y continúan peregrinando junto a la Iglesia en la tierra.
La canonización de san Pier Giorgio Frassati constituye un hito luminoso de comunión eclesial y un faro de esperanza para los jóvenes y el laicado de nuestro tiempo.
San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros.

EL DESTELLO DE LA GRACIA EN LA VULNERABILIDAD: El milagro de beatificación de Pier Giorgio Frassati
La santidad no es la lejanía de lo divino respecto a lo humano, sino el punto exacto donde la trascendencia de Dios abraza la fragilidad de nuestra carne. En la figura de Pier Giorgio Frassati (1901-1925), laico dominico, la fe dejó de ser una abstracción doctrinaria para convertirse en Veritas encarnada: caridad incansable nacida de la contemplación eucarística, expresada tanto en las cumbres de las montañas como en los rincones más oscuros de la pobreza. Siguiendo el carisma dominicano de predicar con la vida y la palabra (contemplata aliis tradere), fue en la sombra del dolor y en la aparente derrota de la enfermedad donde la Providencia divina selló la autenticidad de su testimonio a través del milagro requerido para su beatificación.
El primer milagro físico que la Iglesia examinó y reconoció oficialmente ocurrió en 1933 en la región del Friul, Italia. Su protagonista fue Domenico Sellan, un humilde joven paralizado por una forma devastadora de tuberculosis vertebral (mal de Pott). Postrado en cama, víctima de fuertes dolores y desahuciado por la ciencia médica, Sellan encarnaba a aquellos «pobres de Cristo» a quienes Pier Giorgio había servido con veneración durante su vida terrenal.
Domenico recibió la visita de un sacerdote amigo que le presentó una estampa con la imagen y vida de Frassati. Tomándola con gran devoción, confió su atormentado cuerpo a la intercesión de aquel joven terciario dominico que había recorrido las montañas bajo la consigna «Verso l’alto» (Hacia lo alto). Le pidió con fe y, en ese instante de abandono en la oración, la gracia divina se abrió paso de manera repentina, inexplicable para la lógica clínica y permanente en el tiempo. Sellan recuperó la movilidad y la salud plena. Los exámenes médicos posteriores confirmaron la desaparición absoluta de las lesiones tuberculosas en las vértebras, sin dejar secuelas ni dolor.
La ciencia reconoció la ausencia de explicación natural; la fe reconoció la firma de la Misericordia divina. Este milagro extraordinario fue la prueba decisiva para las comisiones científicas y teológicas de la Santa Sede, permitiendo que el papa san Juan Pablo II beatificara a Pier Giorgio Frassati el 20 de mayo de 1990, proclamándolo «el hombre de las ocho bienaventuranzas» y modelo de laicado comprometido.
La sanación de Domenico Sellan no fue solo un fenómeno físico, sino una predicación viva de la comunión de los santos. Reveló cómo la vida de un laico, alimentada por el Rosario y la Adoración Nocturna, se transforma en un canal permanente de salvación. El milagro del joven dominico ratifica que la vida entregada por amor a los demás jamás se pierde: la fe vivida con audacia, «Vivere, non vivacchiare» (Vivir, no ir tirando), tiene el poder de transfigurar la realidad, sanar las heridas del cuerpo y del alma, y proyectar la luz de la Resurrección en el corazón del mundo.
Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros.

EL MILAGRO SILENCIOSO DE SAN PIER GIORGIO FRASSATI: La conversión de su padre.
En la teología de la santidad, los milagros no siempre se manifiestan mediante curaciones físicas o sucesos portentosos; a menudo, las transformaciones más profundas son las que ocurren en lo secreto del corazón. En la vida de San Pier Giorgio Frassati, laico dominico, la conversión de su padre, Alfredo Frassati, se erige como su primer y más deslumbrante milagro: una victoria de la oración perseverante y el amor filial sobre el escepticismo y la distancia espiritual.
La relación entre Pier Giorgio y su padre estuvo marcada por una profunda brecha ideológica y existencial. Alfredo Frassati era una de las figuras más influyentes de la Italia de principios del siglo XX: fundador y director del periódico La Stampa, embajador en Berlín, senador, agnóstico y liberal volcado al prestigio político. Alfredo miraba con incomprensión la fe ferviente de su hijo; para él, la devoción de Pier Giorgio, sus constantes visitas a los barrios desfavorecidos de Turín y sus madrugadas en adoración eucarística no eran más que excentricidades juveniles de un heredero que descuidaba su porvenir.
Por su parte, el Joven de las Bienaventuranzas nunca respondió a la incomprensión con rebeldía ni reproches. Siguiendo el espíritu dominico de predicar con el testimonio, su respuesta fue la mansedumbre: amar a su padre con devoción, orar en silencio por su salvación y servirle con obediencia en todo lo que no comprometiera su conciencia.
La revelación definitiva aconteció el 4 de julio de 1925 cuando, a los 24 años, Pier Giorgio entregó su alma al Creador a causa de una poliomielitis fulminante, contraída en las periferias de Turín mientras servía a los enfermos.
Fue durante las exequias cuando el velo que cegaba a Alfredo cayó definitivamente. Para su asombro, las calles de Turín se vieron abarrotadas por una multitud heterogénea: obreros, mendigos, huérfanos, enfermos y familias desposeídas que lloraban desconsoladamente la pérdida de su benefactor.
Por primera vez, Alfredo contempló la verdadera estatura espiritual de su hijo. Al ver al pueblo agolparse para tocar el ataúd y al escuchar los testimonios de su caridad heroica, el poderoso hombre de Estado rompió en llanto. Comprendió que, mientras él intentaba edificar un imperio terrenal, su hijo había conquistado el Reino de los Cielos y el corazón de los pobres.
Impactado por el testimonio de Pier Giorgio y sostenido por las oraciones que su hijo había elevado en vida, el corazón de Alfredo experimentó una profunda metanoia. Volvió su mirada hacia Cristo, se acercó a los sacramentos y transformó sus últimos años en un tiempo de reconciliación con Dios y de generoso servicio a los necesitados.
Años después, el propio Alfredo escribiría conmovido:
«Nadie comprendió quién era Giorgio para mí: mi orgullo, mi pasión; veía en él no solo todas las hermosas cualidades que había soñado para mí y que nunca tuve, sino que me veía a mí mismo en su carácter intransigente y bondadoso: veía en su afecto por los humildes mi propio afecto; me parecía que en él se multiplicaba por millones aquel poco de bondad que hay en mí».
La conversión de Alfredo Frassati nos recuerda a los laicos dominicos que la predicación más convincente es la que se encarna en la caridad cotidiana. La vida de San Pier Giorgio Frassati es testimonio vivo de que la oración constante, el amor desinteresado y la coherencia evangélica tienen el poder de derribar los muros de la incredulidad y conducir las almas a la Verdad.
San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros.

Pier Giorgio Frassati y el robo de la bicicleta: Pedales hacia lo alto y el vuelo silencioso de un santo
Hay historias que no se miden por lo que se pierde, sino por la inmensa libertad de quien jamás se dejó poseer por lo terrenal.
La anécdota del robo de la bicicleta de Pier Giorgio Frassati no es un simple incidente en las calles de Turín; es una parábola viva sobre la desprendida alegría de un alma que ya lo había entregado todo antes de que le fuera quitado.
Para Pier Giorgio, esa bicicleta no era un objeto de valor material ni un mero medio de transporte: era su instrumento de amor. Sobre sus pedales recorría los barrios más desfavorecidos de la ciudad cargando medicinas, carbón, alimentos y, sobre todo, su presencia luminosa para consuelo de los enfermos y desamparados.
Esa labor era el reflejo de su constante oración:
«Jesús me visita cada mañana en la Eucaristía, y yo se lo devuelvo visitando a sus pobres».
El día en que se la robaron durante una de sus entregas —al encontrar únicamente la cadena cortada en la barandilla de la escalera—, en su pecho no hubo espacio para el enojo, la rabia ni la amargura. La mirada de Pier Giorgio no pertenecía a la lógica del mundo, sino a la del Evangelio. Lejos de la indignación o el rencor, Frassati vio una necesidad oculta y su corazón voló directamente hacia la compasión:
«Quien se la llevó, quizás la necesita más que yo».
Esta anécdota refleja su profunda bondad y la esencia viva de lo que significa caminar Verso l’alto («Hacia lo alto»). Encarna el desapego absoluto de las cosas pasajeras, la mirada de misericordia y una confianza ciega en la Providencia, comprendiendo que Dios nunca se deja ganar en generosidad y que los pies de un santo siempre encontrarán el camino para servir, con o sin ruedas.
Pier Giorgio Frassati nos enseña que nada se le puede quitar a quien ha hecho de su vida entera una donación constante al amor y al servicio de los demás.
San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros

DE LA MESA DE BETANIA A LAS CUMBRES DE SAN PIER GIORGIO FRASSATI: servicio, oración y amistad
En el mapa del Evangelio, Betania no es solo un punto geográfico; es el lugar donde Jesús encontraba descanso, acogida y la calidez de una amistad sincera. Marta, María y Lázaro representan tres dimensiones fundamentales del seguimiento de Cristo: el servicio solícito, la contemplación amorosa y la intimidad de quien se sabe llamado a la vida por el Señor.
Siglos más tarde, en la Turín de principios del siglo XX, la figura de San Pier Giorgio Frassati encarnó de manera deslumbrante la esencia de aquel hogar. Demostró que la fe no separa la acción de la contemplación, sino que las une en un mismo corazón ardiente.
En la tradición cristiana, la figura de Marta suele asociarse a la acción diligente, mientras que la de María evoca la escucha silenciosa a los pies del Maestro. A menudo se han presentado como vocaciones opuestas; sin embargo, en Pier Giorgio se revelan como dos latidos de un mismo pecho. Como Marta, Frassati recorría los barrios más pobres de Turín cargado con alimentos, medicinas y carbón. Su entrega era el cuidado atento de quien reconoce el rostro de Cristo en los enfermos y marginados. Pero ese servicio inagotable nacía, precisamente, de su profunda vida de oración: pasaba horas en adoración nocturna ante el Santísimo Sacramento y alimentaba su alma a diario con la Eucaristía. Al igual que María, sabía que la mejor parte era permanecer a los pies de Jesús para, desde allí, salir a servirlo en los demás.
Por su parte, Lázaro era el amigo íntimo de Jesús, aquel por quien el Maestro lloró y a quien devolvió a la vida. Pier Giorgio hizo de la amistad un verdadero apostolado, viviendo el espíritu de Betania junto a sus amigos, los Tipitti (o Tipiloschi). Para él, la amistad no era un pasatiempo superficial, sino un puente hacia el cielo. Sus excursiones a las montañas no solo buscaban conquistar cumbres físicas bajo su célebre lema «Verso l’alto», sino también elevar el alma de sus compañeros. Con su alegría contagiosa, demostró que la verdadera amistad —como la de Jesús con Lázaro— es aquella que transmite vida y salvación.
La familia de Betania nos enseña que la santidad se cultiva en lo cotidiano: en la mesa compartida, en el trabajo diario, en la oración sincera y en el consuelo mutuo. San Pier Giorgio Frassati tradujo ese ambiente al lenguaje del joven moderno: un estudiante de ingeniería, deportista y comprometido socialmente, que convirtió su vida ordinaria en un hogar donde Jesús siempre fue el huésped de honor.
En la vida de Frassati, el servicio de Marta, la contemplación de María y la amistad de Lázaro se fusionan para recordarnos que la santidad está al alcance de todos y que la fe, cuando es auténtica, se vive con una alegría profunda e inagotable.
San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros

UNIDOS POR EL MISMO FUEGO:
El hilo invisible entre Santa María Magdalena y San Pier Giorgio Frassati (Del sepulcro vacío a verso l’alto)
A primera vista, podría parecer que Santa María Magdalena —una mujer del siglo I, de Magdala, a orillas del mar de Galilea, y la primera en ver a Jesús resucitado— y San Pier Giorgio Frassati —un joven montañista, estudiante de ingeniería y activista social en la Italia del siglo XX— no tienen mucho en común.
Sin embargo, Santo Domingo de Guzmán eligió a María Magdalena como Patrona de su Orden en el siglo XIII por una razón puramente teológica y de identidad: el carisma de la Orden es la predicación para la salvación de las almas, y ella fue la primera persona enviada por Cristo a predicar el acontecimiento más importante del cristianismo: «La Resurrección». Por ello, los dominicos la adoptaron como el modelo perfecto de su misión.
Este dato histórico y espiritual conecta de forma estrecha a Pier Giorgio Frassati con María Magdalena. Ambos santos comparten una relación profunda y mística basada en el amor apasionado por Cristo, la conversión y, muy especialmente, en el misterio de la Resurrección.
Pier Giorgio Frassati, al ser un laico dominico, pertenecía a la Tercera Orden de Santo Domingo. Al unirse a ellos en 1922, adoptó precisamente el nombre de Fray Jerónimo (en honor a Girolamo Savonarola) y se sumergió por completo en la espiritualidad de la Orden de Predicadores, cuya máxima Patrona y Predicadora por designio de Santo Domingo de Guzmán es Santa María Magdalena.
Cuando Pier Giorgio se convirtió en laico dominico, no lo hizo como un pasatiempo. Estudiaba los textos de Santo Tomás de Aquino, asistía a misa diariamente con un amor profundo a Jesús en la Eucaristía, pasaba horas en adoración nocturna ante el Santísimo y salía a las calles de Turín a servir a los más necesitados. Para Frassati, ser dominico era vivir la «contemplación en la acción», encarnando el lema contemplari et aliis contemplata tradere (contemplar y dar a los demás lo contemplado). De la misma manera, María Magdalena acompañó y apoyó el ministerio de Jesús, permaneció a los pies de la cruz durante la crucifixión y lo buscó en el sepulcro, para luego ir corriendo, en la mañana de Pascua, a anunciar a los discípulos: «¡He visto al Señor!» (Juan 20, 11-18).
Asimismo, ambos encarnaron el lema Veritas (el amor a la verdad). María Magdalena reconoció la verdad absoluta en el huerto cuando Jesús la llamó por su nombre: «María», y ella, en una total profesión de fe al reconocerlo, le respondió: «Rabbuní» (Maestro). De igual manera, Pier Giorgio defendía la verdad de su fe con una valentía inquebrantable en una Italia fuertemente anticlerical y en pleno ascenso del fascismo.
En la historia reciente de la Iglesia, ambos han sido propuestos como modelos para el mundo contemporáneo. San Juan Pablo II llamó a Pier Giorgio Frassati el «Hombre de las ocho Bienaventuranzas» y lo propuso como Patrono de la Juventud el 20 de mayo de 1990, durante su beatificación. Santa María Magdalena, por su parte, es el modelo perfecto del heraldo de la Buena Nueva: «Apostola apostolorum» (la apóstol de los apóstoles). Esta es una figura que el Papa Francisco reivindicó en el año 2016 al elevar su memoria litúrgica a rango de Fiesta en el Calendario Romano General, presentándola como ejemplo de una «Iglesia en salida», concepto que ensambla perfectamente con el estilo de vida de San Pier Giorgio Frassati.
Cuando Pier Giorgio miraba a Santa María Magdalena, no solo veía a la santa del Evangelio, sino a la Patrona y Protectora de su Familia Espiritual. Por lo tanto, la relación entre ambos es la de dos almas separadas por diecinueve siglos, pero unidas por el mismo fuego: el encuentro transformador con Cristo Resucitado que los impulsó a dejar atrás toda comodidad para ir verso l’alto y anunciar al mundo que Cristo está vivo.
¡Santa María Magdalena, ruega por nosotros!
¡San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros

LOS «TIPOS SOSPECHOSOS» DE DIOS:
La alegría de la santidad
(Los Tipi loschi)
La sociedad de los Tipi loschi fue fundada oficialmente por san Pier Giorgio Frassati el 18 de mayo de 1924, junto a un grupo de amigos jóvenes y universitarios de Turín, Italia. Nació de manera espontánea durante una excursión a las montañas del Pian della Mussa como una anécdota juvenil llena de bromas y humor.
El nombre que eligieron (Tipi loschi) se traduce literalmente como «los tipos sospechosos» o «los tipos de cuidado». A pesar de su nombre socarrón y relajado, este grupo trajo consigo una de las propuestas laicales más profundas del siglo XX: “Servir a Dios en comunión y en perfecta alegría”.
Esta sociedad es uno de los legados más hermosos, humanos y alegres de la juventud de san Pier Giorgio Frassati. No tenían estatutos formales ni cuotas de inscripción, y sus miembros se autoasignaban humorísticamente un apodo cómico. Por ejemplo, a Pier Giorgio, por su imponente físico y nobleza, lo llamaban «Robespierre» y lideraba la «Sección Terror» del grupo.
Cuando salían de excursión, hacían colectas obligatorias entre ellos (multas por chistes malos). Sin embargo, ese dinero no era para cerveza, sino para ayudar a los pobres de los suburbios de Turín.
Cuando los miembros del grupo se graduaban o tenían que separarse por otros motivos, la sociedad se mantenía viva a través de cartas llenas de ingenio. En una de sus misivas, Pier Giorgio escribió a sus amigos una definición perfecta de lo que los unía: “Yo quisiera que nosotros juráramos un pacto que no conoce confines terrenales ni límites temporales: la unión en la oración. Si nos encomendamos mutuamente a Dios en nuestras oraciones diarias, estaremos siempre cerca los unos de los otros”.
El lema más conocido de Frassati, “Verso l’alto” (Hacia lo alto), resume la espiritualidad de los Tipi loschi. Las montañas piamontesas eran su monasterio; escalar las cumbres no era un simple deporte, sino un ascenso espiritual donde contemplaban a Dios en la belleza de la creación. Cada caminata culminaba con el rezo del rosario en la cima y concluía, en su descenso, con la santa misa.
El manifiesto esencial de los Tipi loschi quedó inmortalizado en otra de las cartas de Pier Giorgio: “Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin sostener una lucha por la verdad, no es vivir, sino ir tirando. Nosotros debemos vivir”.
El grupo se basaba en la amistad verdadera, la fe compartida y la alegría con un sentido del humor contagioso. No buscaban derrocar gobiernos ni conspirar en las sombras; su objetivo era mucho más revolucionario para la época: querían ser santos, pero serlo pasando un rato agradable y divertido.
La sociedad de los Tipi loschi se puso a prueba de la manera más dolorosa con la muerte de Pier Giorgio, el 4 de julio de 1925. Para sus amigos el golpe fue devastador; sin embargo, entendieron que él simplemente se había adelantado en la excursión.
La importancia de los Tipi loschi radica en que anticipó por décadas la eclesiología del Concilio Vaticano II sobre el rol de los laicos como una «Iglesia en salida», donde los jóvenes se evangelizan entre sí a través de la amistad y la alegría, convirtiendo la vida ordinaria en un camino directo hacia la santidad. Frassati demostró que el compromiso con la verdad y la Doctrina Social de la Iglesia es indisociable de la vida laical.
Con la canonización de san Pier Giorgio Frassati, la Iglesia redescubre en este singular grupo una profunda importancia teológica y espiritual, sumamente revolucionaria para los jóvenes y el laico moderno.
Hoy en día, el espíritu de los Tipi loschi sigue vivo en miles de jóvenes de todo el mundo que han adoptado su filosofía: unidos por la fe, la alegría y el servicio a los más necesitados.
¡San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros!

Hoy cuando el Evangelio de San Mateo 5, 1-12 nos habla de las ocho bienaventuranzas.
Recordar al papa Juan Pablo II, el 27 de marzo de 1977, entonces Cardenal Karol Wojtyla; invitado a la inauguración de una exposición dedicada a Pier Giorgio Frassati, organizada por los dominicos polacos. Lleno de alegría al ver las fotos del joven que lo inspiró en su época de estudiante dijo: «Vayan y contemplen al Hombre de las ocho bienaventuranzas que lleva en sí la gracia del Evangelio, la Buena Nueva, la Alegría de Salvación que nos ofrece Cristo…». Durante la homilía de beatificación, el 20 de mayo de 1990, nuevamente el papa Juan Pablo II consolidó la conexión entre el joven Pier Giorgio Frassati y su título de hombre de las ocho bienaventuranzas por encarnar radicalmente el sermón del monte en su vida diaria. Sin duda las bienaventuranzas son el mapa en el que Pier Giorgio trazó su camino hacia la Santidad.
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros
Pier Giorgio Frassati y Don Bosco

Queremos mostrarles la profunda relación entre San Pier Giorgio Frassati con San Juan Bosco.
La juventud de Pier Giorgio estuvo profundamente marcada por Turín, una ciudad que respira también el legado de Don Bosco y aún no siendo salesiano, Pier Giorgio estuvo lleno de ese ambiente, convivía con jóvenes ligados al oratorio de Valdocco y se fue formando con una espiritualidad vivida en lo cotidiano.
Esta historia está plasmada en un mosaico en la Iglesia de Santa María Virgen de las Gracias en el barrio de la crocetta, Turín; retratando a Don Bosco al lado de Pier Giorgio.
Es éste lugar, de profundo significado espiritual para Pier Giorgio, pues allí fue bautizado, recibió su Primera Comunión y su Confirmación y donde diariamente solía pasar tiempo en Adoración Eucarística. En ella también reposa su certificado de defunción.
San Juan Bosco ruega por nosotros.
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros.

UN SANTO OLÍMPICO
A través del deporte, los santos han sido ejemplo a seguir.
San Sebastián y San Cristóbal dos atletas con fuerza de fe. San Juan Pablo II deportista desde su juventud y quien veía en Pier Giorgio un ejemplo a seguir y nuestra querida Divina Pastora invocada como Patrona del deporte.
San Pier Giorgio Frassati (1901-1925) joven laico dominico, cuya caridad ejemplar lo condujo a ser canonizado por el papa León XIV el 07 de septiembre del 2025. Conocido como El Santo de las montañas y el Hombre de las 8 Bienaventuranzas. Un apasionado del montañismo, el esquí y el senderismo. Ardoroso escalador que veía en las cimas de las montañas una forma de acercarse a Dios. Organizaba con mucha frecuencia paseos con sus amigos uniendo amistad, alegría, deporte y fe. Su lema era «Verso l’alto» (Hacia lo alto) , esencia de vida que reflejaba, en silencio, su deseo de crecimiento espiritual y físico, siendo itinerario a seguir de profunda fe, caridad y servicio.
En la sencillez de la cotidianidad nos impulsa con entusiasmo a tener una espiritualidad sana en Cristo como Centro de vida .
Frassati, un verdadero Santo Olímpico que llegó a lo alto, que camina a nuestro lado y permanece como fuego 🔥 olímpico en nuestro corazón.
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros.

SAN PIER GIORGIO FRASSATI
(1901 – 1925) y
SANTA CATALINA DE SIENA
(1347 – 1380)
ENCUENTRO DE ALMAS

El vínculo entre San Pier Giorgio Frassati y Santa Catalina de Siena es de una afinidad intensa, espiritual y dominicana que une a un laico dominico de principios del siglo XX con una de las místicas, predicadoras y doctoras de la Iglesia más importantes de la historia.
Pier Giorgio particularmente devoto de Santa Catalina de Siena, leía sus escritos y a menudo estudiaba ‘El Diálogo» y la vida de Santa Catalina de Siena, admiraba su intensa vida espiritual, servicio y entrega a la Iglesia.
Compartieron el carisma dominicano y su amor por la Orden de Predicadores. Frassati pertenecía a la Venerable Tercera Orden de Santo Domingo de Guzmán, en donde recorre un camino de santidad laical y que toma como modelo a Santa Catalina de Siena para profundizar en su espiritualidad.
Pier Giorgio solía reflexionar sobre la experiencia mística de Santa Catalina y cuatro días antes de su fallecimiento comentó a su amigo Massetti: «Santa Catalina tuvo el don aún en vida de ver a Jesús; nosotros, en cambio, debemos esperar a ir al paraíso»
A su hermana Luciana obsequio la biografía de Santa Catalina de Siena con una dedicatoria en la que resalta la profunda fascinación que sentía por la santa, por su coraje, valentía y fortaleza en la fe.
Dos Santos, unidos por una misma espiritualidad: Una vida íntima con Dios, un amor apasionado por Jesucristo y el prójimo, y un compromiso fidedigno con la Iglesia.
Los restos de Santa Catalina de Siena descansan en la Basílica Santa María sopra Minerva, en Roma. Ésta Basílica de gran relevancia para la Familia Dominicana, se convirtió entre el 25 de julio y el 4 de agosto del 2025, a pocos días de la canonización de Frassati por el papa León XIV, en sitio de peregrinación a la memoria de Pier Giorgio.
Una urna sencilla, de color claro y sobre ella una cruz de madera y una frase verso l’alto contenía su cuerpo incorrupto; dándose así el encuentro profundo entre dos almas caritativas, cuyas vidas continúan hablando a nuestro corazón, siendo ejemplos de santidad que vivieron una fe activa y comprometida en medio de los desafíos de su época, todo por amor a Cristo.
Que la intercesión de Santa Catalina de Siena y San Pier Giorgio Frassati ante Jesucristo, nos alcancen las gracias y virtudes que necesitamos, como laicos domínicos, para ser fieles predicadores de la Palabra de Dios y defensores de la Iglesia con acciones concretas de servicio, oración y coherencia moral.
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros.
JMJ

FRASSATI Y LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
La no inclusión de San Pier Giorgio Frassati en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Seúl 2027 no es un rechazo, sino un mensaje silencioso y poderoso, una invitación para que todos nos animemos a difundir su vida, y sumergirnos en su espiritualidad para promover y profundizar la devoción hacia nuestro Pier Giorgio.
Frassati ya acompañó como patrono de la juventud en varias JMJ: Sidney 2008, Rio 2013, Cracóvia 2016 y Lisboa 2023. Su presencia espiritual en estos encuentros revelan algo insondable y es que su vida continúa hablando al corazón de los jóvenes. Una santidad «extraordinariamente ordinaria» hecha de amistad, alegría, eucaristía, oración, adoración y caridad generosa con los necesitados.
La comunión de los santos no conoce fronteras y San Pier Giorgio Frassati continúa intercediendo por los jóvenes especialmente por aquellos que desean vivir una fe fuerte, concreta, y alegre en el mundo de hoy.
Aspirar a cosas grandes… a la santidad manteniéndonos unidos al amor de Jesucristo.
Verso l’alto
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros

36 Aniversario de la Beatificación de San Pier Giorgio Frassati
El 20 de mayo de 1990, el entonces papa Juan Pablo II, ahora Santo, tuvo la alegría de beatificar a San Pier Giorgio Frassati en la Plaza de San Pedro, en Roma y lo llamó: «El hombre de las ocho Bienaventuranzas».
Expresaba Frassati:
«La fe que recibí en el Bautismo me confirma: solo no lograrás nada, pero si pones a Dios en el centro de todas tus acciones, alcanzarás la meta»
El mismo San Juan Pablo II, manifiesta una conexión espiritual especial con Pier Giorgio. Cuando fallece Frassati, el 4 de julio de 1925, a la edad de 24 años, Karol Wojtyla ( el futuro papa Juan Pablo II) era solo un niño de 5 años que vivía en Polonia y desde entonces ya sentía una gran admiración por él. En su juventud lo toma como modelo de santidad, una santidad que no tenía nada de extraordinario. Frassati era un joven moderno, alegre, lleno de vida, que estudiaba ingeniería y amaba el senderismo, y los deportes y logró canalizar su vitalidad hacia los más necesitados y los enfermos, demostrando que la fe no aleja del mundo sino que se sumerge en él para transformarlo.
Siendo esta la respuesta perfecta a la crisis de sentido de la juventud moderna lo propone constantemente como patrono y modelo para los jóvenes, recordándoles una de las frases más célebres de Pier Giorgio Verso l’alto (Hacia lo alto), usándola como metáfora para animar a los jóvenes a no conformarse con vidas mediocres y vacías sino a aspirar a las cumbres de la fe y el amor.
Ya próximos, como Iglesia, a celebrar la gran Fiesta de Pentecostés, como laicos dominicos, damos gracias por el 36 Aniversario de su Beatificación y que el Espíritu Santo nos infunda la fuerza y valentía para anunciar el Evangelio comprometidos a llevar esperanza en medio de la desesperación del mundo.
Que esta celebración nos inspire a hacer de nuestras vidas obras maestras de fe y caridad llenas del amor de Jesucristo.
San Pier Giorgio Frassati ora pro nobis
Pier Giorgio Frassati y Corpus Christi

Pier Giorgio Frassati y Corpus Christi
La relación entre Pier Giorgio Frassati y la Solemnidad del Corpus Christi es muy profunda. De hecho, su primera confesión tuvo lugar en la Iglesia del Corpus Christi en Turín, el 20 de junio de 1910, y su devoción por la Eucaristía fue el motor de su vida y centro de su espiritualidad.
Desde muy temprano, Frassati mostró una gran devoción hacia el Santísimo Sacramento, asistiendo a misa con regularidad y participando en la Adoración Eucarística y Procesión de la Minerva. Para él, la Eucaristía no sólo era un rito religioso, sino una fuente de fuerza y guía en su vida diaria que lo mantenía unido a Cristo.
Su amor por la Eucaristía se reflejaba en su deseo de vivir una vida de servicio y entrega a los demas, lo que se convirtió en una parte fundamental de su vida. A menudo, dedicaba tiempo a visitar a los enfermos y a los pobres.
Cristo Presencia real era el pilar que le daba fuerzas para su labor caritativa y su apostolado y le proporcionó una profunda paz y alegría, que se manifestaba en su carácter alegre y optimista. Frassati es un ejemplo de como la devoción eucarística puede inspirar a una persona a vivir su fe de manera activa y comprometida.
Hoy jueves la Iglesia celebra la Solemnidad del Corpus Christi y nuestra Patria Venezuela tiene el honor de estar consagrada y ser llamada República del Santísimo Sacramento. Hoy es un día de alegría y culto a Jesús «Presencia Real»
«Con el Rosario y con la Eucaristía podemos conquistar el mundo» (Pier Giorgio Frassati)
San Pier Giorgio Frassati, ruega por nosotros.

SAN PIER GIORGIO FRASSATI Y LA PASION POR EL DEPORTE REY ⚽
Para muchos, la santidad se imagina en el silencio de un monasterio o en la quietud de una Iglesia. Sin embargo, Pier Giorgio no era un santo de estampita estática; y no sólo es recordado por su profunda fe y compromiso por los demás, sino también es recordado como un joven atleta apasionado por el fútbol, un deporte que encarnaba su amor por la vida y la camaradería.
Desde pequeño, Frassati mostró un espíritu aventurero y un entusiasmo contagioso que se reflejaba en su afición por el deporte rey.
El fútbol para Pier Giorgio era más que un juego; era una forma de conectar con sus amigos y disfrutar de la alegría de la sana competencia. En las canchas de Turín, donde creció, se le podía ver corriendo tras el balón, riendo y animando a sus compañeros. Este amor por el deporte no sólo le proporcionaba momentos de diversión, sino que también le enseñaba valores fundamentales como el trabajo en equipo, la perseverancia, y el respeto por los demás.
A pesar de su corta vida, Frassati dejó una huella imborrable en quienes lo conocieron. Su pasión por el fútbol simbolizaba su enfoque hacia la vida: siempre en movimiento, siempre buscando la belleza en las pequeñas cosas y siempre dispuesto a compartir su alegría con las demás.
En cada partido, en cada jugada, se podía sentir su espíritu vibrante, un recordatorio de que la verdadera felicidad se encuentra en la conexión con los demás y en vivir con autenticidad.
Así, Pier Giorgio Frassati no sólo es un modelo de fe y servicio, sino también un símbolo de la alegría que el deporte puede traer a nuestras vidas. Su legado nos invita a jugar, a reír y a vivir plenamente, recordándonos que, al igual que en el fútbol en la vida siempre hay espacio para la pasión y la amistad. Así se ve una vida bien jugada
San Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros

Esta imagen fue captada el 11 de junio del 1925 en Turín, durante la procesión del Corpus Domini y tiene un valor histórico inmenso porque se tomó 23 días antes de su fallecimiento
San Pier Giorgio Frassati y el suceso del guante
La relación entre San Giorgio Frassati y la ausencia de un guante durante una procesión del Corpus Christi es un pasaje biográfico real, conmovedor y muy famoso ocurrido en su vida.
Este episodio, no se trató de un protocolo litúrgico, sino de un gesto espontáneo de caridad extrema, desprendimiento y desprecio por las formalidades sociales cuando los pobres estaban de por medio.
Durante una importante y multitudinaria procesión del Santísimo Sacramento por las calles de Turín, Pier Giorgio caminaba con toda la solemnidad requerida por su estatus social y su pertenecía a asociaciones católicas portando sus guantes blancos.
A lo largo del recorrido entre la multitud que observaba la procesión en las calles, divisó a una persona sumida en la pobreza extrema y enferma, que tiritaba de frío y extendía la mano pidiendo ayuda. Al no tener dinero a la mano en ese instante, Frassati no dudó: se quitó uno de sus finos guantes de gala y se lo entregó discretamente al pobre para que pudiera abrigarse o venderlo para comer.
Para él, el Corpus Christi y las procesiones del Santísimo no eran eventos sociales sino una extensión de su fe. Solía decir: «Jesús, me visita cada mañana en la comunión y yo le devuelvo la visita sirviendo a los pobres». Al darle el guante a un desamparado estaba sirviendo al mismo Cristo que adoraba en la custodia.
Este episodio de la ausencia del guante quedó registrado por sus amigos y por su hermana Luciana Frassati, como uno de los más claros ejemplos de cómo Pier Giorgio entendía las Bienaventuranzas.
La verdadera Solemnidad y el verdadero protocolo ante Dios no se encuentran en la perfección del vestuario sino en el amor activo hacia los más necesitados.
Pier Giorgio Frassati ruega por nosotros

SAN PIER GIORGIO FRASSATI:
«El Santo de lo cotidiano» UNIVERSALIDAD LITÚRGICA
La primera fiesta litúrgica de San Pier Giorgio Frassati tras su canonización, el 7 de septiembre del 2025 en la Plaza de San Pedro por el papa León XIV, es uno de los acontecimientos espirituales más esperados en este año 2026 y que celebraremos con gran alegría pocas semanas antes de cumplirse el primer aniversario de su elevación a los altares.
Esta primera fiesta como santo, coincide en el tiempo, con la culminación de los homenajes por el Centenario de su nacimiento al cielo.
(4 Julio 1925 – 4 Julio 2025).
Su fiesta litúrgica tradicional del 4 de Julio pasa de ser una memoria local, de un beato de la Arquidiócesis de Turín y de la Orden de Predicadores, a ser una celebración oficial para la Iglesia Católica Universal, al estar inscrito en el libro de los santos.
A partir de este 4 de julio todas las parroquias y diócesis de todo el mundo incorporan formalmente sus textos litúrgicos oficiales, consolidándose como el gran intercesor de la juventud del siglo XXI.
Las oraciones de la Santa Misa y del Oficio de lecturas para éste día se han adaptado para destacar la esencia de su espiritualidad y para reflejar los rasgos de su «santidad ordinaria»: La caridad silenciosa y su entrega absoluta a los pobres y enfermos de Turín y la Eucaristía como motor y fuente de su inquebrantable fe y alegría.
En la homilía de esta primera fiesta se destacará con fuerza su célebre lema Verso l’alto (Hacia lo alto). La Iglesia propone en este día no sólo el recuerdo de un joven laico que amaba escalar los alpes, sino una invitación teológica ( litúrgica y espiritual). La montaña como símbolo de la búsqueda de las grandes virtudes: la caridad, la justicia social y el rechazo a una vida cristiana tibia, mediocre o aburrida. San Pier Giorgio Frassati nos muestra que el camino hacia la santidad no es una bajada cómoda, sino una escalada exigente y hermosa que siempre, inevitablemente, nos lleva «verso l’alto»
El significado profundo y lo que hace única a esta primera fiesta como santo es el mensaje que nos dejó.
Pier Giorgio Frassati demostró que se puede alcanzar la máxima cumbre de la santidad vistiendo ropa de diario, practicando deporte, estudiando en la universidad, divirtiéndose con sus amigos y participando en la política; siempre con Cristo en el centro de su vida.
Frassati un ejemplo de santidad que pasó de las calles de Turín a los altares del Vaticano convirtiéndose así en el «Santo de lo cotidiano».
San Pier Giorgio Frassati intercede por nosotros.

EL SILENCIO ANTE EL SANTÍSIMO
¡Que hermosa coincidencia espiritual!
Es una concurrencia verdaderamente providencial que la renovación de la consagración de la República de Venezuela al Santísimo Sacramento, hermosa herencia de fe que sostiene a nuestro país desde 1899, se entrelace con la preparación por la Iglesia Universal de la primera Fiesta litúrgica de San Pier Giorgio Frassati, a celebrar éste 04 de Julio.
La figura de San Pier Giorgio Frassati resuena con una fuerza increíble, como patrono de la Juventud. Él, un joven deportista, universitario y lleno de alegría, encontró en el mismo Santísimo Sacramento el motor absoluto de su existencia. Para Pier Giorgio, la Eucaristía no era un rito dominical o una obligación; era una necesidad vital.
Solía decir:
» Jesús me visita cada mañana en la comunión, y yo se lo devuelvo de la modesta manera que puedo, visitando a los pobres».
No concebía comenzar el día sin recibir el cuerpo de Cristo.
Su amor por la Adoración Eucarística era apasionado y con frecuencia, nocturno. Era común verlo pasar horas enteras de la noche de rodillas ante el Sagrario tan absorto en la oración que perdía la noción del tiempo. Sus amigos relataban que durante esas vigilias, se le podía ver llorando discretamente o sonreír, reflejando un diálogo íntimo con Jesús. En esos momentos de silencio, Pier Giorgio descansaba sus preocupaciones, pedía por sus amigos y recargaba las fuerzas para ir a los suburbios más pobres de Turín a servir a los enfermos y para luchar contra la injusticia social y la pobreza.
Entendía perfectamente que para amar al prójimo primero había que llenarse de Dios. Por eso, animaba a sus amigos con gran convicción: «Les pido que se acerquen a la mesa eucarística lo más a menudo posible. Aliméntense de ese pan de los ángeles, del cual sacarán la fuerza para luchar las batallas internas»
Frassati encontró en el Santísimo Sacramento el ancla de su pureza, el fuego de su caridad y la brújula que lo llevó a subir, no solo las montañas de los Alpes, sino la montaña de la santidad: Verso l’alto (Hacia lo alto).
Que en este día de gracia para Venezuela, el ejemplo de San Pier Giorgio Frassati nos recuerde que la verdadera revolución del amor y la paz nace en silencio y de rodillas ante el Santísimo Sacramento.
Pier Giorgio Frassati ¡ruega por nosotros!
Cristo Eucaristía guía el destino de Venezuela.

LAS LLAGAS ABIERTAS DE CRISTO:
«El camino de fe de Santo Tomás y San Pier Giorgio Frassati»
Celebrar a Santo Tomás, Apóstol y a San Pier Giorgio Frassati en días consecutivos es una seña de la Divina Providencia. Dos milenios de historia los separan. Uno, un pescador de Galilea que caminó junto a Jesús; el otro, un joven de Turín del siglo XX, montañista y estudiante de ingeniería.
Santo Tomás recordado por su escepticismo: » si no veo en sus manos la señal de los clavos… No creeré». Tomás buscaba una experiencia personal real y tangible. Por su parte Frassati, no se conformó con una fe de simples ritos dominicales. Él buscaba la verdad con la fuerza de un joven que escala cumbres. Su famosa frase «Verso l’alto» (Hacia lo alto), no era solo un lema de montaña, si no la traducción de esa misma búsqueda de Santo Tomás, elevarse sobre las dudas, encontrar claridad y contemplar cara a cara a Jesús.
Es precisamente, el ¿dónde encontrar a Dios?, el punto de unión más profundo entre el apóstol Tomás y Frassati.
Tomás necesitó introducir sus dedos en las llagas del resucitado para exclamar la profesión de fe más perfecta del evangelio: ¡ Señor mío y Dios mío! (Divinidad de Cristo). Pier Giorgio descubrió que esas mismas llagas de Cristo seguían abiertas, en los suburbios de Turín, en los cuerpos de los enfermos de polio, en las casas de los explotados, y en el rostro de los marginados.
«Jesús me visita cada mañana en la comunión, y yo se lo devuelvo de la humilde manera que puedo, visitando a los pobres». Frassati al tocar la carne sufriente de los necesitados, al curar sus llagas y cargar sus dolores, estaba haciendo lo mismo que Tomás apóstol: tocando el cuerpo herido de Jesús.
Tomás, tras tocar las llagas del resucitado, sanó su incredulidad y, según la tradición, llevó el Evangelio a lejanas tierras de la India, gastándose su vida hasta el martirio. Pier Giorgio, tras tocar las llagas de los pobres, consumo su propio martirio silencioso al contraer poliomielitis fulminante, entregando su alma a los 24 años.
Ambos nos enseñan la necesidad de tocar la carne de Cristo para encender una fe inquebrantable, nos recuerdan que la fe no es algo abstracto, si no un encuentro físico y comprometido con el resucitado. Cuando la duda asome o el desánimo nos abrume, el apóstol Tomás y el joven Pier Giorgio Frassati; nos enseñan el camino: no tener miedo de mirar las heridas del mundo, acercándonos a ellas con ternura y al tocarlas, exclamar con el corazón ardiendo ¡ Mi Señor y mi Dios !
Santo Tomás, apóstol ¡Ruega por nosotros!
San Pier Giorgio Frassati¡ Ruega por nosotros !

Pier Giorgio nació en la ciudad italiana de Turín, el 6 de abril de 1901. Creció en el seno de una familia muy rica. Su padre fue el fundador y director del diario La Stampa y su madre una notable pintora que le transmitió la fe.
En su adolescencia cultivó una profunda vida espiritual, se hizo activo miembro de la Acción Católica, el Apostolado de la oración, la Liga Eucarística y la Asociación de jóvenes adoradores universitarios.
Decidió estudiar Ingeniería Industrial Mecánica para trabajar cerca de los operarios pobres e ingresó al Politécnico de Turín donde fundó un círculo de jóvenes que buscaban hacer de Cristo el centro de su amistad.
Llevó una vida austera y destinaba a obras de caridad buena parte del dinero que sus padres le daban para sus gastos personales. Su fuerza estaba en la comunión diaria y la frecuente adoración al Santísimo Sacramento.
Durante el período pasado en la universidad, Pier Giorgio conoce a Laura Hidalgo, relación que, dada la diferencia de clase social, no es bien recibida en la casa Frassati. Le escribió a un amigo: «en mi lucha interna me he preguntado a mi mismo ¿por qué debo estar triste? ¿Debería sufrir, soportar a regañadientes este sacrificio? ¿Quizás he perdido la fe? No, gracias a Dios mi fe está todavía suficientemente firme y entonces reforzamos, fortalecemos esta que es la única alegría, de la cual uno puede ser pago en este mundo. Cualquier sacrificio vale solo por ella.»
Siendo estudiante universitario, en el 1922 profesó en la Orden seglar de Santo Domingo, con el nombre de fray Jerónimo Savonarola, por afecto e imitación del gran predicador que promovió en la sociedad el reino de Cristo y su paz.
Con sus más queridos amigos fundó un círculo llamado «los tipos sospechosos», que detrás de los intentos bromistas, la máxima era: «pocos pero buenos como los macarrones», ocultó el deseo profundo de fundar la amistad sobre bases profundas: «yo quisiera que nosotros jurásemos un pacto que no conoce confines terrenos ni límites temporales: la unión en la oración».
Escribe en esos años de estudiante: «La sociedad moderna se hunde en los dolores de las pasiones humanas y se aleja de todo ideal de amor y paz. Vosotros y nosotros, los católicos, tenemos que llevar el soplo de bondad que solo puede nacer de la fe en Cristo».
Fue deportista, esquiador y montañista. Escaló los Alpes y las montañas del Valle de Aosta. Asimismo, nunca perdió la oportunidad de llevar a sus amigos a la Santa Misa, la lectura de las Sagradas Escrituras y el rezo del Santo Rosario.
A muchos impresiona ver al hijo de los Frassati por las calles con un carro con los bártulos de gente pobre que buscaba una casa, o mientras visitaba a los hijos de los obreros para darles catequesis. En su familia lo tenían por loco. Casi siempre llegaba tarde, muchas veces sin dinero. No dudaba en prescindir del tranvía para dar lo ahorrado a quien pudiera necesitar una limosna.
Entre los pobres, la providencia tenía prevista la llegada de la hora definitiva. Un día de finales de junio de 1925, el peligro se hizo realidad. Pier Giorgio contrae, después de una de sus visitas, una poliomielitis fulminante.
Escribió un día Pier Giorgio: «El sacrificio: Nuestra vida, por ser cristiana, tiene que ser una constante renuncia, un continuo sacrificio, que no pesa si se considera qué son estos pocos años pasados en el dolor en comparación con la eterna felicidad, donde la alegría no tendrá medida ni fin, donde disfrutaremos de una paz que no se puede imaginar».
Empezó a sentir fuertes dolores de cabeza y perdida de apetito. En su casa, sin embargo, no le hicieron mucho caso, pues apenas tenía 24 años y era un joven robusto. Además, su abuela se encontraba muy grave, y todos estaban volcados con ella.
Pier Giorgio siente cómo el mal va avanzando, sin que se le atienda debidamente. Sólo cuando ya se encuentra en una situación dramática, sus padres se dan cuenta y reaccionan. Demasiado tarde. Desesperados, piden un suero especial al instituto Pasteur de París, pero ya no queda nada por hacer.
La muerte llega el 4 de julio de 1925. Los funerales se tienen dos días después. Son una explosión de cariño y afecto hacia un joven que había vivido para los demás. Son también el momento en el cual los padres de Pier Giorgio descubren realmente quién era su hijo, cuánta gente lo quería, lo mucho que había hecho, sencillamente, sin aspavientos, en las largas horas que pasaba fuera de casa.
Unos días antes había escrito: «En este mundo que se ha alejado de Dios falta la paz, pero falta también la caridad, o sea el amor verdadero y perfecto. Quizá si San Pablo fuese escuchado por todos nosotros, las miserias humanas serían un poco disminuidas». San Juan Pablo II lo beatificó el 20 de mayo de 1990. Lo denominó «el hombre de las ocho bienaventuranzas». Su sepulcro se encuentra en la Catedral de Turín.
La canonización de Pier Giorgio Frassati se llevó a cabo el 7 de septiembre del año pasado en la Plaza de San Pedro, en Roma, junto con al Beato Carlo Acutis. El Papa León XIV presidió la ceremonia de canonización.
Hoy 4 de Julio 2026 la Iglesia Católica Universal celebra su primera Memoria litúrgica recordando su testimonio: Vivir el Evangelio en lo cotidiano.
