Oh spem miram

¡Oh admirable esperanza! Este es nuestro himno a santo Domingo, padre y primer hermano de nuestra Orden. «Oh Spem miram»

“¡Oh maravillosa esperanza / la que diste a los frailes que te lloraban / en la hora de tu muerte, / prometiéndoles que desde el cielo / les serías de más provecho! / Cumple, oh Padre, lo que dijiste: / ayúdanos con tus plegarias”.

Podría parecerles extraño que nuestro himno de esperanza recuerde el momento en que santo Domingo dejó este mundo, un momento en que los frailes tenían lágrimas en sus ojos en lugar de sonrisas en sus labios: «O spem miram quam dedisti mortis hora te flentibus».

Domingo encendió la esperanza en sus corazones porque les prometió continuar ayudando a sus hermanos y hermanas; se comprometió a interceder por nosotros y, por tanto, a permanecer con nosotros a través de su oración. Pero esta es sólo una cara de la historia. La presencia de los frailes orando en torno a su lecho de muerte, debe haber dado esperanza también a Domingo. En ese momento final de la finitud humana, Domingo no estaba solo. La presencia de los hermanos y la presencia prometida por Domingo más allá de la muerte dio a cada uno de ellos esperanza y consuelo. «La palabra latina con-solatio, consolación, sugiere un estar-con el otro en la soledad, que de modo deja de ser soledad».(Spe Salvi, 38).

Cuando nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán estaba en su lecho de muerte, consolaba a sus dolientes hermanos con la promesa de que después de su muerte les ayudaría más de lo que hizo en vida. En esta promesa, los dominicos recitan este responsorio tomado de las Vísperas de su festividad.

LATÍN

O spem miram, quam dedísti mortis hora te fléntibus, dum post mortem promisísti te profutúrum frátribus!
℟. Imple, Pater, quod dixísti, nos tui juvans précibus.
℣. Qui tot signis claruísti in ægrórum corpóribus, nobis opem ferens Christi, ægris medére móribus.
℟. Imple, Pater, quod dixísti, nos tui juvans précibus.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritu Sancto.
℟. Imple, Pater, quod dixísti, nos tui juvans précibus.
℣. Ora pro nobis, beáte pater Domínice.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

ORATIO
Deus, qui Ecclésiam tuam beáti Domínici Confessóris tui Patris nostri illumináre dignátus es méritis et doctrínis: concéde; ut ejus intercessióne temporálibus non destituátur auxíliis, et spirituálibus semper profíciat increméntis. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.

TRADUCCIÓN
Oh Esperanza Admirable

V. Oh maravillosa esperanza la que diste a los frailes que te lloraban en la hora de tu muerte, prometiéndoles que desde el cielo les serías de más provecho.
R. Cumple, oh Padre, lo que dijiste, ayúdanos con tus plegarias.

V. Oh tú, que brillaste ilustre por tantos milagros, obrados en los cuerpos de los enfermos, tráenos la ayuda de Cristo para sanar nuestras almas enfermas.
R. Cumple, oh Padre, lo que dijiste, ayúdanos con tus plegarias.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cumple, oh Padre, lo que dijiste, y ayúdanos con tus plegarias. 

V. Ruega por nosotros, bienaventurado Padre, Santo Domingo. 

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

 V. Oremos. Oh Dios, que has iluminado a tu Iglesia con las eminentes virtudes y la predicación de Santo Domingo, tu Confesor y nuestro Padre, concédenos que, por su intercesión, no seamos privados de los socorros temporales, y que tengamos continuos progresos espirituales. Por Jesucristo Nuestro Señor.  R. Amén.

El Papa León XIII, mediante rescripto del 23 de Agosto de 1890, otorgó Indulgencia de 500 días cada vez, para cada día del año. Plenaria aplicable a los difuntos, con las condiciones de rigor, en las fiestas de Santo Domingo (Tránsito, 4 de Agosto; Traslación de reliquias, 24 de Mayo; Aparición de su imagen en Soriano, 15 de Septiembre), para quienes lo recitan diariamente durante un año.

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